Vacaciones
en Brasil
mystic_boy5@yahoo.es
Seguro
que alguna vez has oído la típica
anécdota de un amigo borracho que conoce
a una chica imponente pero que sale espantado
cuando, mientras se están enrollando,
se da cuenta de que la chica esconde una 'sorpresita'
entre sus muslos... Incluso puede que ese amigo
hayas sido tú mismo. La cuestión
es, ¿siempre saldrías corriendo? ¿y
si esa sorpresa te la da una mujer de una gran
belleza y con un cuerpo perfecto? El caso es
que la siguiente historia me ocurrió a
mí, y no estaba borracho... y me alegro
mucho de que me haya pasado, porque he descubierto
cosas extraordinarias gracias a esa experiencia.
Hace unos pocos años me fui de vacaciones
con un par de amigos a Brasil. El reclamo de
las playas y de las 'garotas' fueron irresistibles
y salimos una mañana de julio para disfrutar
a tope de todo un mes allí. Quizá te
suene a las típicas 'vacaciones sexuales'
de las que se habla a veces. Sea como fuere,
y como era de esperar, la percepción
in situ de las playas y de las mujeres brasileñas
fue incluso mejor que las historias desatadas
por nuestra imaginación en los días
previos a comenzar el viaje. Al segundo día
de estar allí, cada uno de nosotros
ya se había acostado con una chica por
lo menos... e incluso surgió de la posibilidad
de hacerlo en grupo... pero decidimos dejar
eso para más adelante... La mañana
del quinto día, mientras intentábamos
dormir en la playa del hotel después
de una noche de marcha y alcohol, me interesé entre
cabezada y cabezada por un partido de volley
allí en la misma playa. Tres chicas
espléndidas, de piel tersa y bronceada
y con unos biquinis de colores llamativos jugaban
contra un grupo de dos chicas y un joven de
color. Después de recuperar algunas
fuerzas tras un par de cortas siestas y dos
o tres combinados tropicales empecé a
fijarme con mayor atención en una de
las tres chicas. Bueno, para ser sincero, me
fijaba más en su precioso culito que
en otra cosa. En Brasil, las mujeres consideran
su culo como la parte del cuerpo más
importante, o casi. Y aquella preciosa joven
podía estar realmente orgullosa del
suyo. Era alta, 1.75 aproximadamente, de pelo
negro largo y liso hasta la mitad de su espalda,
ojos negros y grandes, cara de portada de revista
para hombres, labios oscuros y carnosos (sobre
todo el inferior) y un cuerpo.... mmmmmm...
perfecto. Su culito, mi mayor reclamo, era
increíblemente redondo y respingón,
del tamaño perfecto y sin una sola marca
de sol. Su cintura, estrecha, estaba perfectamente
rematada por un pequeño aro dorado en
su ombligo y su minúsculo sujetador
escondía unos pechos firmes no demasiado
grandes (una talla 85 más o menos) coronados
por unos pezones duros perfectamente marcados
en la tela. El sudor del ejercicio y el calor
salpicaba su cuerpo de forma más que
provocativa. Ni mis gafas de sol ni la gorra
que usaba para proteger mi cabeza del sol pudieron
ocultar mi insistente observación de
aquella preciosa mujer, porque ella se percató a
los pocos minutos de mi interés por
ella. El caso es que mis amigos insistieron
en ir a darnos un baño. Con algo de
mala gana y observando de reojo los movimientos
de mi jugadora favorita, me despojé de
las gafas y de la gorra y me dirigi hacia las
olas. Después de unos 10 minutos de
remojo, decidí dejar a mis amigos en
el agua y volver a mi hamaca. Buceé hacia
la orilla cuando mi sorpresa fue mayúscula:
al salir de debajo del agua me encontré de
frente con ella dentro del agua. Estaba salpicándose
para quitar la arena de su piel cuando me saludó,
se presentó (Elia era su nombre) y posó sus
dos manos en mi cuello para darme un par de
besos en las mejillas para completar su saludo.
Me agarré a su cintura y por primera
vez sentí el tacto de su suave y sensual
piel antes de devolverle los dos besos e invitarle
a tomar algo en las hamacas del chiringuito
de la playa. En Brasil, la gente es muy directa,
y más aún cuando se trata de
sexo... El caso es que después de un
par de refrescos y un poco de charla me preguntó si
podría ducharse en mi habitación
porque el sudor y el calor le hacían
sentirse algo incómoda. Supongo que
le gustó la manera disimulada en que
seguía observando con detalle su cuerpo
ahora que estaba al alcance de mis dedos. Por
supuesto, accedí a ello y le invité a
subir a mi habitación mientras mis compañeros
sonreían y hacían algún
que otro gesto propio del momento. Subimos
y le indiqué el camino al baño.
Esperé echándole un rápido
vistazo impacientemente al periódico,
cuando ella salió tras una ducha rápida
rodeada por una toalla. Se acercó al
mini-bar de la habitación para coger
una botella de agua y tras beber un sorbo,
se giró hacia mí y dejó caer
la toalla. En ese momento pude contemplar su
cuerpo casi desnudo, pues debajo sólo
tenía puestas las braguitas naranjas
de su traje de baño. Se acercó lentamente
a mí diciendo en un susurro: '¿Vas
a seguir observandome?'. Me tumbó en
la cama y empezó a besarme muy lentamente,
rozando sus labios con los mios y pasando su
lengua por las comisuras de mis labios y por
mis dientes antes de besarme y entrelazar nuestras
lenguas. Mis manos empezaron a acariciar su
espalda cuando ella empezó a besar mi
cuello y una de mis orejas, siguió bajando
hasta mi pecho, mi ombligo... y para cuando
llegó a mi cintura, mi bañador
apenas contenía mi erección.
Sin mediar más palabras, dejó que
me acomodara más en la cama mientras
ella me quitaba el bañador y pude oir
su sensual gemido al ver mi pene totalmente
erecto antes de que sus labios empezaran a
besar el tronco de mi pene. Comenzó a
jugetear con sus dedos en mi vello púbico
mientras su otra mano acariciaba mi pello y
pellizcaba ligeramente mis pezones. Mi pene
estaba apuntando directamente a su cara y,
mirándome fijamente a los ojos, su lengua
empezó a subir y a bajar por mi pene.
Separó ligeramente mis piernas y su
lengua aumentó su recorrido, yendo arriba
y abajo desde mi glande hasta mis nalgas. Incluso
la punta de su lengua rozaba de vez en cuando
mi ano, lo que aumentó aún más
mi erección. Mi glande comenzó a
estar cada vez más húmedo cuando
su boca empezó a engullir lentamente
mi pene, cada vez más, arriba y abajo,
moviendo su lengua en circulos contra mi glande
cada vez que este entraba y salía de
ella...mmmm... La visión era increíble,
su culito en pompa se reflajaba en un espejo
que había enfrente de la cama y su cabeza
subía y bajaba lentamente haciéndome
una mamada increíble. Estaba a punto
de correrme cuando decidí detenerla
para empezar a actuar. Cambié mi posición
y la coloqué boca arriba para poder
saborear sus pezones oscuros, más bien
pequeños y duros por la excitación.
Su cara reflejaba la excitación. Sus
mejillas estaban ligeramente encendidas y sus
labios estaban húmedos y calientes.
Sus uñas recorrían mi espalda
mientras acariciaba y besaba sus pechos, lo
cual me excitaba aún más y mantenía
mi pene duro y palpitante. Cuando hice amago
de empezar a descender por su vientre para
llegar a su entrepierna sus manos cogieron
mi cara al llegar al piercing de su ombligo
y me llevó hacia arriba para besarnos
de nuevo, nos hizo girar para que yo quedara
de nuevo boca arriba y, encima mio, me susurró al
oído: 'Tengo algo que enseñarte;
algo que no te esperas'. Esas palabras me dejaron
algo atónito, más aún
cuando ella se colocó de rodillas dandome
la espalda, con una pierna a cada lado de mi
cuerpo. Empezó a acariciarse el culito
y a separar hacia un lado lentamente sus braguitas
para dejar desnudo su incríble trasero,
redondo, bronceado y sin marcas del bañador...
y... un pequeño pene escondido entre
sus muslos completamente libre de vello. ¡Era
transexual! ¡Bellísima y muy femenina,
pero transexual! Su mirada se quedó fija
en mi cara. Y mi mirada se quedó fija
en su pene. En ese momento, lo único
de que fui capaz fue de salir de debajo de
ella para tumbarla boca arriba, en la cama,
quitarle sus braguitas y observar detenida
y atentamente su cuerpo. Era una mezcla extraña
para mí pero, tras un análisis
tranquilo, llegué a la conclusión
de que era perfecta: un cuerpo femenino de
piel tersa y curvas sugerentes y un pequeño
pero bien formado pene en una entrepierna totalmente
depilada. Me sorprendí a mí mismo
en ese mismo instante observando detenidamente
su pene: era algo más blanco que el
resto de su piel y un ligero exceso de piel
cubría su glande; sus huevos también
eran pequeños y la piel que los cubría
parecía muy tersa y suave. Su sexo descansaba
sobre su muslo izquierdo. Mi mano empezó a
acariciar su pierna derecha, desde la rodilla,
subiendo lentamente por el interior de sus
muslos hasta llegar a la altura de su dos huevos.
Al ver como mi mano se acercaba lentamente
a su sexo, ella se estremeció y gimió e
inmediatamente su pene empezó a crecer
lentamente mientras cuando yo empecé a
acariciarlo. Su glande, empezó a aparecer
lentamente de su escondite de piel, rosado
y brillante, hasta quedar completamente desnudo.
Su pene alcanzó su máxima erección,
unos 12 cm y su capullo de color burdeos ligeramente
húmedo de excitación apuntaba
a mi cara. Instintivamente y casi sin pensarlo
acerqué mi lengua muy despacio hasta
sus muslos y, llegando a su pene, comenzó a
pasear mi lengua del mismo modo que ella lo
había hecho conmigo. Al rozar sus nalgas
ella las separó para dejar visible su
ano rosado y ya ligeramente entreabierto para
que mi lengua llegara a él. Al lamerlo
ella empezó a gemir más y su
agujerito empezó a abrise poco a poco.
Lo empecé a rozar con mi dedo mientras
me metí su glande en la boca y lo succioné como
si fuera un caramelo... Su sabor salado me
resultó agradable. Ella, al notar que
yo ya estaba cómodo, empezó a
mover su cintura y mi dedo empezó a
penetrar su culo lentamente mientras su pene
entraba y salía lentamente de mi boca.
La situación era novedosa para mí,
pues nunca antes había tenido ninguna
experiencia con matices homosexuales. Por eso
mi sorprendió que mi pene seguía
tremendamente duro y palpitante... con ganas
de participar. Me tumbé de lado, a su
espalda, ella levantó su pierna izquierda
y cogió mi pene para llevarlo hasta
su culito y para dejar mi glande a la entrada
de su ano. Empecé a empujar despacio,
notando como mi pene penetraba lentamente en
su interior y como su culito se iba abriendo
lentamente para aceptarme... fue una sensación
increíble y estuve a punto de correrme
después de haber introducido mi pene
por completo y notar como mis huevos rozaban
sus nalgas firmes. Ella movió en círculos
su culo para notar mi pene duro aún
más en su interior mientras respiraba
profunda y pausadamente y mientras su pulso
se aceleraba. Se abrazó así como
estaba de espaldas a mí, poniéndome
sus manos en mis nalgas y me empujó más
aún contra ella. Mientras, mi mano derecha
pellizcaba uno de sus pezones. Ella misma movía
su cintura para que mi pene entrara y saliera
de su culito, todo muy despacio. Del movimiento,
ella acabó boca abajo sobre la cama
y yo sobre ella, embistiendo contra su culito
firme. De vez en cuando, sacaba mi pene por
completo de su culito para pasear mi glande
por sus nalgas y para rozarlo contra sus huevos
duros, para volver a meter mi polla lentamente,
abriendo de nuevo su culito y apoyándome
en sus nalgas duras para facilitar mi penetración.
Cambiamos de nuevo de postura, me tumbé boca
arriba y ella se sentó sobre mis muslos
para que su pene quedara junto al mío,
los dos erectos y calientes.
Los cogió juntos entre sus manos y comenzó a
acariciar ambos penes a la vez... arriba y
abajo, glande con glande. Después, apoyó sus
manos en la cama para elevar su cintura y,
de frente a mí y apoyada en su manos
y en sus pies colocó de nuevo su culo
sobre mi pene para que yo la penetrara otra
vez, descendiendo lentamente mientras mi pene
se abría camino, hasta que de nuevo
sus nalgas se apoyaron en mis muslos. En esta
posición su pene erecto apuntaba a mi
cara desafiante.Lo cogí entre mis manos
y empecé a masturbarle y a acariciar
sus huevos. Ella subía y bajaba su cintura
cada vez más rápidamente, liberando
y volviendo a engullir mi polla entre gemidos.
Yo estaba a punto de correrme cuando noté varias
convulsiones en su pene y su esperma saltó sobre
mi pecho.
Tras correrse ella pareció quedar exhausta,
pero sin dejar que me moviera, se arrodilló entre
mis piernas y retomó la mamada con la
que habíamos empezado la sesión
mientras sus dedos acariciaban mis nalgas y
mi ano. De nuevo, volvía a ver su culito,
abierto y húmedo, reflejado en el espejo,
y su pene, perdiendo lentamente la erección,
colgando entre sus muslos, húmedo y
atractivo. Lentamente intodujo apenas la punta
de uno de sus dedos en mi culo mientras toda
mi polla estaba en su boca... Eso fue irresistible,
ella lo notó y siguió con su
mano arriba y abajo sobre mi polla hasta que
mi inmensa corrida salpicó toda su cara.
Recordaré ese orgasmo como uno de los
más intensos de mi vida. Hasta hoy,
el más intenso. El resto de mis vacaciones
fueron total y absolutamente dedicadas a Elia,
sexualmente hablando, aunque eso se podrá contar
en otra ocasión.
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